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Tienes nombre de que vives y estas muerto

Desde su fundación en el día de Pentecostés, la Iglesia de Jesucristo ha experimentado periodos de tiempo de grandes victorias y periodos de grandes reveses; periodos de grandes conquistas y periodos de grandes pérdidas; periodos de prolongada bonanza y periodos de encarnizada persecución.

Alrededor del año 51 de la era cristiana, el apóstol Pablo invadió a Europa con el poderoso mensaje del Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, en ocasión de la visión del varón macedonio, cuando Europa estaba sumida en las densas tinieblas de la corrupción moral y política del imperio romano pagano de los césares; pero el mensaje apostólico y post apostólico ungido del poder del Espíritu Santo transformando vidas, comarcas y ciudades, y a la vez acompañado de una interminable cuota de mártires cristianos, hizo tambalear al férreo imperio romano de césares.

Como a los 500 años después de Cristo, se desarrolló y floreció el catolicismo romano y el imperio religioso de los papas, pero hubo millones de cristianos en los países de Europa que no aceptaron ni se sometieron a este otro imperio romano religioso, aunque tuvieron que sufrir grandes persecuciones, huir a los montes, esconderse en las catacumbas y sufrir martirio.

Más de 500 años después (1,096 al 1,270 d.C.), tomaron lugar las guerras de las Cruzadas, fomentadas por los Papas para conquistar la ciudad de Jerusalén y a Palestina de manos de los mahometanos que la habían invadido; lo cual, a pesar de las siete expediciones que fueron desde Europa, éstas no lograron su objetivo, aunque transcurrió mucho más de un siglo de guerras con incontables pérdidas de vidas y fortunas. Es fácil entender que los verdaderos cristianos no se envolvieron en estos empeños bélicos y políticos.

Cerca de 500 años después de haberse iniciado las Cruzadas, estaba Europa en medio del oscurantismo de la Edad Media bajo el yugo religioso y opresor de la Roma papal, y fue sacudida hasta sus cimientos por la predicación valiente de la fe evangélica en ocasión de la Reforma (1,517 d.C.), encabezada por Martín Lutero, que al fin prevaleció, aunque con una cuota de ciento de miles de mártires cristianos evangélicos muertos en las inquisiciones papales.

Hoy día, a más de 500 años de iniciada la Reforma, hay en Europa, como en todo el mundo, un protestantismo sin vida espiritual y con vida mundana, con grandes sectores ecumenistas afirmando con el Concilio Mundial de Iglesias con sede en Ginebra, que hoy día ya no hacen falta enviar misioneros, porque cada cual debe que-

darse con la religión (pagana) que tiene, pues dicen que Cristo está dormido en toda religión pagana y lo que hay que hacer es despertarlo. Y para colmo de males, hoy los protestantes luteranos y de otras denominaciones protestantes están en conversaciones con Roma para una fatal unión. ¡Si Lutero resucitara ya no se ocuparía de reformar la iglesia romana sino la iglesia protestante!

Y lo que aún es mucho más triste, más grave, más deprimente y alarmante, es ver que hoy día, a tan corto plazo, la mayoría de las iglesias y concilios pentecostales y de avivamiento están perdiendo el fuego y el bautismo en el Espíritu Santo y lo están sustituyendo con el “fuego extraño” de lenguas prefabricadas, estudiadas, aprendidas y repetidas a voluntad del instructor lingüístico, quien a su vez en ese sentido, es un intruso, un profano y un engañador, pues el Bautizador en el Espíritu Santo es el Señor Jesucristo (Mt. 3:11; Lc. 3:16; Jn. 1:33), que no necesita muletas, y las lenguas se hablan según el Espíritu Santo da que se hablen (Hch. 2:4), que tampoco necesita el auxilio de instructores lingüísticos.

Y desde luego, con la pérdida del fuego del Espíritu y todo lo que esto representa, además de entrar todas esas falsas imitaciones, también están entrando por la puerta ancha: la mundanalidad, las modas impías y costumbres paganas, la superficialidad, la tibieza, el modernismo en práctica y en doctrina, la carnalidad, el materialismo, el pecado, el divorcio y el recasamiento, la muerte espiritual.

¡Qué tragedia! Es bueno prestar atención a la exhortación de parte del Señor: “Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto. Sé vigilante, y afirma las otras cosas que están para morir; porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios. Acuérdate, pues de lo que has recibido y oído; y guárdalo, y arrepiéntete.

Pues si no velas, vendré sobre ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti… El que venciere será vestido de vestiduras blancas; Y NO BORRARÉ SU NOMBRE DEL LIBRO DE LA VIDA, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles” (Ap. 3:1-5).

¡Qué muchas sorpresas habrá! ¡Qué muchos nombres están siendo borrados del Libro de la Vida! ¡Señor, en esta hora final, envíanos el auténtico FUEGO DE PENTECOSTÉS! Amén.

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betelcali16715
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