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El poderoso mensaje de Hudson

El misionero Adoniram Judson, un siervo que sobrellevó una infinidad de angustias, goza de un lugar preferente en la semblanza de las misiones evangélicas norteamericanas. Comprometido con la expansión de la sana doctrina, sembró la semilla de la Palabra de Dios en Birmania.

La historia de las misiones cristianas estadounidenses nunca se podría contar sin mencionar al siervo Adoniram Judson. Su lugar, como pionero norteamericano de la evangelización del corazón de Birmania, es uno de los más importantes. El amor de Cristo fue su esperanza, su incentivo y su consuelo. En medio de grandes desalientos, en mazmorras de horrores innombrables, pero con una fe victoriosa, predicó la Palabra de Dios.

El 9 de agosto de 1788, en una vieja casa de madera de la localidad de Malden, situada en el estado de Massachusetts, nació el hermano Judson. Con su madre como maestra, a los tres años sorprendió a su padre, un pastor congregacional, leyendo un capítulo de las Sagradas Escrituras. A los cuatro, reunió a sus vecinos para compartirles las buenas nuevas. Niño precoz, en su infancia se interesó más por los libros que por los juegos.

Criado con fe, junto a su familia que lo estimuló siempre a seguir los caminos del Señor, residió en Malden hasta el 10 de enero de 1793 cuando se mudó al pueblo de Wenham. Luego, el 22 de mayo de 1800, se marchó a la urbe de Braintree. Luego, el 11 de mayo de 1802, con todos sus parientes, se estableció en la metrópoli de Plymouth. Mientras se trasladaba de un lugar a otro, mostró un gran interés por los idiomas en todo momento.

Lee la historia completa en https://cutt.ly/infK5up

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