Calle 3 # 27-31

Barrio San Fernando

(57) (2) 5568265

24/7 siempre en oraciòn

Proximo Evento Online en: =>

Youtube Online

Dias
Horas
Minutos

Dos clases de necios

Betel Cali

Betel Cali

Compartir:

La Sagrada Escritura nos presenta, especialmente, dos clases de necios. Conforme al diccionario el necio es un ignorante, tonto, terco, porfiado; conforme a la Biblia es todo eso y también un presuntuoso, impío, corrupto y vil.

La primera clase de necio, del que habla la Biblia, es de los que dicen que “no hay Dios”; esto es los llamados ateos. Acerca de los tales tratan los Salmos 14 y 53, que son exactamente iguales, leamos: “Dice el necio en su corazón: No hay Dios.

Se han corrompido, hacen obras abominables; no hay quien haga el bien…” Ciertamente es una necedad negar la existencia de Dios. Conforme al salmo leído una persona comienza negando la existencia de Dios, y de ese modo está iniciando en su vida un funesto proceso de deterioro moral y espiritual.

Afirma este salmo que el necio que dice que “no hay Dios”, que luego se corrompe, que hace obras abominables, que no hace el bien, que no es entendido, que no busca a Dios, que se desvía cada vez más, que comete inmoralidades, que se opone y persigue al verdadero pueblo de Dios, que vive y muere en espanto.

El apóstol Pablo describe esta triste condición, de deterioro moral y espiritual; de aquellos que pretenden ignorar, marginar o negar a Dios (Ro. 1:21-32). Además del testimonio concluyente de la Biblia, se añade el testimonio de los propios ateos en sus días finales:

Bertrand Russell (1872-1970). Bertrand Russell, vino de una de las familias más distinguidas de Inglaterra. En 1950 recibió el premio Nobel de Literatura. Veamos la evaluación de la vida que él hizo, y citamos: “Estamos de pie a la orilla de un océano gritando a la noche y al vacío, algunas veces una voz contesta desde la oscuridad, pero es la voz de uno que se ahoga y al momento el silencio retorna”. Ese es el testimonio de un ateo acerca de la incertidumbre, las tinieblas, el vacío, que le produce el ateísmo.

DOS CLASES DE NECIOS
Robert Green Ingersoll (1833-1899). Robert Ingersoll fue abogado, político y escritor. Fue un propagador del ateísmo. De pie junto a la tumba de su hermano dijo: “La muerte es un estrecho valle entre los fríos y áridos picos de dos eternidades; gritamos bien alto y la única respuesta es el quejumbroso eco de nuestro grito

Ese el testimonio de un ateo acerca del abismo profundo y de la soledad aterradora, resultado de su ateísmo. W. Somerset Maugham (1874-1965). Somerset, fue una de los escritores ingleses más populares del siglo pasado. Murió a la edad de 91 años, lleno de fama y de riqueza, pero también de amarguras. Y cerca del fin de su vida escribio:

“Cuando miro hacia atrás en mi vida la encuentro carente de realidad, puede ser que mi corazón sin haber encontrado reposo tenía un profundo y ancestral deseo por Dios y por la inmortalidad que mi razón no quiso admitir”. Ese es el testimonio de un ateo, haciendo gala de una abierta confesión acerca de la vanidad, la angustia, la necedad y la terquedad del ateísmo.

George Bernard Shaw (1856-1950). Bernard Shaw, fue un eminente dramaturgo. Le fue concedido el premio Nobel de Literatura en 1925. Cerca del fin de sus días escribió: “La ciencia a la cual adherí mi fe está en banca rota, sus consejos que debieron establecer el milenio han conducido directamente al suicidio de Europa, creí en sus consejos una vez, y a nombre de ellos ayudé a destruir la fe de millones de adoradores en los templos de miles de credos; y ahora ellos miran hacia mí y presencian la gran tragedia de un ateo que perdió su fe”. Ese es el testimonio de un ateo, confesando el criminal engaño del ateísmo.

Muchos otros ateos en la hora de aflicción o de la muerte lamentaron su ateísmo como Nupor, Paing, Hume y Voltaire. Y otros muchos, en esa hora crucial de la muerte, rechazaron de plano el ateísmo y clamaron a Dios por misericordia. La otra clase de necios, que la Biblia nos presenta, son aquellos que aunque tal vez no expresan con palabras que “no hay Dios”; pero piensan, actúan, trabajan y viven como si Dios no existiera, pues no tienen tiempo para Dios, como si esta vida presente fuera la única y como si el sepulcro terminara todo.

Sobre esta clase de necios materialistas el Señor Jesucristo enseñó, diciendo: “La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios.” (Lc. 12:16-21). El afán por las cosas materiales, olvidándose de Dios, es otra gran necedad, pues los bienes materiales no pueden comprar la salvación del alma, ni satisfacer las demandas del espíritu humano. Sistemas sociopolíticos que imponen por la fuerza y
la violencia el materialismo ateo como sistema de vida, son una gran necedad colectiva. He ahí las dos clases de necios: el ateo teórico y filosófico, y el ateo práctico y materialista. Es mejor salir a tiempo de esa fatal necedad y venid a la verdadera sabiduría, pues, “el principio de la sabiduría es el temor de Jehová; buen entendimiento tienen todos los que practican sus mandamientos…”
(Sal. 111:10).